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Monthly Archives: June 2010

Siempre pensé que los adjetivos se habían creado para facilitarnos la vida. Con un sujeto y un adjetivo tu mamá entendía con quién andabas: fui con”Carolina la catira”. Si te preguntaban cuál era tu maestro de Economía, con “uno bajito” bastaba. En una sociedad con 50 María Gabrielas, 50 Adrianas y 200 Danielas todos habríamos parado en locos sin distinguirlas como “La Gorda”, “La Negra” o “La Flaca”.
Hasta que me mudé a los Estados Unidos y, de repente los, hasta entonces inocentes, adjetivos se tranformaron en insultos. En consecuencia, tratar de describir a alguien sin usar los obvios es como aquel reto de mi infancia, donde tenías que contar un cuento sin decir “entonces”.
¿Cómo se supone que describa a una muchacha que pesa 200 kilos? Me aconsejan que use “heavy built”: ¿será que eso la hace pesar menos? Tampoco es correcto describir a alguien como “un flaco”, mejor decir “athletic built”. No hay que ser especialista en semántica para notar que “athletic” suena más lindo que “heavy”.
Ni hablar de las descripciones geográficas o raciales: en Venezuela eres (además de venezolana) portu, gallega, turca, china, negra, etc.
Durante una de nuestras reuniones multiculturales, una amiga colombiana y yo reíamos al tratar de explicarles porqué era imposible para nosotras describir a una mujer con un “par de enormes atributos” obviando eso.
Ahora, resulta que aquí les da vergüenza preguntar de qué país eres cuando obviamente el inglés no es tu idioma natal. ¿Será que creen que alguien puede sentirse ofendido porque se den cuenta de que no es norteamericano? Puede ser que su concepto del respeto vaya más allá del nuestro, y que la palabra “teasing” sea mucho más seria que “chalequeo”.
Entiendo que su historia de conquistas de derechos civiles ocupa un lugar importante en su ADN y que miles de norteamericanos han luchado para que las diferencias no sean un obstáculo en su “pursuit of happiness”
Nunca me he sentido ni “discriminada” ni mal vista por mi fuerte acento hispano. A diferencia de las “leyendas urbanas venezolanas”que destacan la frialdad de las naturales de estas tierras, mis nuevas amigas han resultado tan panas y solidarias como podrían ser las latinas de pura cepa. Les interesa aprender español y conocer un poco más de nuestro país. Mi adaptación a la cultura, si no norteamericana, por lo menos berkeliana ha sido mucho menos traumática que la de chistes como el del maracucho en Washington.
Sin embargo, acostumbrarme a que lo que era mi normal manera de describir a la gente sea considerado políticamente incorrecto me costará un poco más.
Menos mal que siempre puedo decir “No habla inglés”